3.4.09

Un aviso!!!

Durante todo abril del 2009, estará expuesta en la Galería Hécaro, ubicada en Antonio Caso #19, 1er piso, en la Colonia Tabacalera (a una calle de Reforma y una del monumento a la Revolución) en el D.F., una exposición llamada "Infancia", donde 6 fotógrafos y 6 blogueros participan tanto con imágenes como con textos.La verdad es que la idea está interesante y si se pueden dar una vuelta y luego, el que quiera, comentar, pues adelante.
A partir de esto, saqué 4 textos con temas sobre algunas de estas fotografías, siempre abordando el tema de la Infancia.
Solo uno está en la expo, los otros 3, los publico a continuación, nada más para no dejarlos en el cajón. Se vale decir si me pasé de fría, o si peor, me puse "llegadora" o así.
Sin más, gracias por la invitación a exponer, y gracias a quienes se toman el tiempo de leer esto, y aun más, de opinar (a veces ayuda saber que no todo queda en el aire hasta difuminarse en el olvido... así es, ando un poco en estado "me tiro al suelo").
Pues estos son los que se quedaron en el cajón:
Texto 1
La infancia es ese estado que inicia del lado opuesto al purgatorio. Cerquita, cerquita del cielo.
Donde no hay mayores diferencias que las muy evidentes, y por lo tanto, es ese momento, en que es real esa angustiante idea de que “Todos somos iguales”, incluso aunque no nos vemos tan tan así.
Antes de que llegamos a medir más o menos un metro veinte, la gente se divide para nosotros en: Señores y señoras, y niños y niñas.
Digo!
Dentro de este par de categorías entran:
“Señores y Señoras”: Los viejitos, los abuelos y todos aquellos que tengan más de… mas o menos, 17 años.
Y si, ya sé lo que están pensando: “ja ja ja , como si en ese enorme rango de edad, todos fuéramos iguales!”.
Pero no sean flojos y hagan memoria, ¿Cuantas veces en 1ero de primaria no le dijimos “señor” al chavito de 6to que llevaba la cooperativa a la hora del recreo?
Y eso que los de 6to apenas tienen 12 o 13 años!
La otra categoría, la de “Niños” y ¨Niñas” es igual de extensa.
Dentro de ella caben desde el recién nacido cuasi molusco, hasta el preadolescente con bigotín semitransparente sobre las comisuras de la boca, o bien, la nena que ya pasó de corpiño a brasier AA.
Pero eso si, sin dejar de admitir que seguramente es a lo largo de estos años, cuando escuchamos las burlas y comentarios más rudos y desalmados, también es cierto que es justo durante la infancia, cuando más cómodo te sientes entre los demás.
¿Y sabes por qué es esto?
Pues si, porque evidentemente es cuando mas tranquilos nos sentimos, porque en general nos movemos entre puro igual.
¿Quién más parecido a ti que tus mejores amigos?
Y cómo de que no?
Si entre niños todos quieren lo mismo: correr detrás del balón, jugar en los columpios, que hoy no haya clases pero si ver a mis amigos de la escuela, disfrazarse con la ropa del closet de los papás y comer pura comida rica.
A mi que alguien me explique en qué momento es que dejamos de ser todos tan iguales, para pasar a esa tormentosa y azotada búsqueda por nuestra quesque individualidad.
Ni que de mayorcitos no nos latiera seguir comiendo puras cosas ricas, pasar el tiempo a carcajadas y olvidarnos de las responsabilidades, No?
Texto 2
Es muy curioso como cuando se acaba la infancia, pareciera que nos descarapelamos, y debajo de esa piel seca sale un nuevo “yo”. Este proceso no se da de la noche a la mañana. Es más, no es una cosa de semanas o meses, tarda y tarda mucho.
La infancia es como un estado de vivir dentro de una burbuja, dentro de la cual, por más que los papás y los maestros no se cansen de repetirte que A, B, o C cosas “son tu responsabilidad”, la pura verdad es que no eres responsable de nada.
Uuuuuuts!
Qué daríamos hartísimos de los nacidos hace mas de diez o doce años atrás, por volver a esa etapa?
Según yo, no hay registro ni fotográfico, ni mental, escrito o mostrado en un documental de canal sin audiencia, del momento en que la infancia se nos terminó.
Pero si tengo claro que lo que siguió a ella, no fue el hacerme adulta inmediatamente.
Nombre!
Ni que fuera yo la de la película esa interpretada por Tom Hanks “Quisiera ser grande”, o la también dominguerísima “Quiero tener 30” con Jennifer Garner (Si leyendo esto, la nostalgia ya se apoderó de mala manera de ustedes, no dejen de ir saliendo de aquí, a rentar cualquiera de las dos, verán lo reconfortable que es, cuando termina la película darte cuenta de que tu vida no es como pintan la adultez en el cine chairo).
Cuando a la infancia le quiere dar por caducar, poco a poco todo cambia. El cuerpo, las ideas, los permisos, los estímulos, las ganas de hacer o dejar de hacer cosas, e incluso cambia, hasta el odio por los champiñones y el amor por el helado de chicle.
La buena noticia (y esto va sobre todo para quien el anhelo de aquellos tiempos está a punta de suspiros a todo lo que da), es que como la infancia es lo primero de lo que venimos, se nos queda en lo más al fondo de nuestro ser. Así que por mucho que nos descarapelemos y tiremos y tiremos capas, la esencia siempre acaba siendo la del niño que fuimos. Y los ojos siempre se nos iluminarán de esa manera especial, con cualquier satisfacción que nos remita a todas las sorpresas que nos llevamos de chicos.
Texto 3
“De pequeñita yo soñé,
en el amor como algo qué…
y ¡todo era mentira!
Lo que me enseñaron mis papás,
cuentos de hadas, poco más.
¡No era lo que quería!
Me demostraste la verdad,
lo que me das me gusta más…”
(fragmento de “Mi vida rosa” de Los Romeos)
La complicidad, el amor incondicional, horas y horas de diversión, el aliado perfecto a la hora que no quieres más de lo que hay en tu plato de comida, y con los años, probablemente tu primer acercamiento con el sufrimiento que causa el dolor ajeno y también la muerte. Todas vienen presentadas en forma de ese raro pariente que no tiene la nariz de tu papá, ni los ojos de tu mamá, pero que tiene un lugar único en tu casa.
No cabe duda que una vez superada la etapa de esa 1era infancia, en que más que persona, se es un bebé y el mundo gira y gira alrededor de la teta de la madre, el abrazo del padre y el pulgar metido en la boca, debajo de una mantita para dormir. El máximos y más maravilloso sentimiento, aparte del que te provocan los abuelos cuando te hacen reír, es tu mascota.
El no tener referencias de vida, sobre lo bueno y lo malo, lo raro y lo normal, lo chingón y lo gacho, hacen que tu perro, gato, pez, canario, tortuga o cualquier otro animal que a tu familia le de por tener en casa, incluso desde antes de que tu llegaras, hace que sea uno mas de tus parientes. Y de los sercanos.
Cuando un perro se convierte en “Tu perro”, ese ya se vuelve un amor del bueno. Una vínculo único donde el diálogo se convierte mas personal, privado y exacto, que con nadie que te rodea. Incluyendo en esta lista de cercanías a la miss de 3ero de kinder, o la amiga que no solo va contigo a clase, sino que vive a solo dos edificios, así que juegas con ella todas las tarde. Tampoco tus papás, ni tus juguetes son tan, tan, tan buenos escuchas y aliados de vida, como “Tu perro”.
Siempre envidié a mis amigos con perro, no porque yo no lo tuviera, sino porque hasta como los 10 años, les tenía terror. Ja ja ja
Y me cae que se me quitó el miedo, nada más por las ganas de poderme comunicar con un ser, como lo hacía toda mi generación con el miembro de cuatro patas que había en sus casas.

1 comentario:

  1. Ya veo en imagenes esos textos...Espero ir esta semana a la expo.
    Felicidades María sigue escribiendo.:)

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