14.11.08

Encaje para el tlacoyo

Voy de pasadita por aquella banqueta pseudo prohibida, rezando por no encontrarme ni al enemigo ni al ofrecido de amor fortuito de ese barrio.
En fin, con el paso apretado y rapidito rapidito le voy tupiendo a los pensamientos pecaminosos, mirando para otra parte y sonriendo como distraída hasta que no puedo más.
En un acto de extrema violencia un puesto callejero de quesadillas y tlacoyos me asalta de manera “culera”.
Y yo, tan desvalida y en mitad de todo ese agite que provoca la urbe a las 2:10 pm con el tráfico, el malcalor, y los chavitos excitados saliendo del colegio, pues que no tuve más y me doblé.
Si, si, lo digo así, tal cual y como me pasó.
Me tuve que pasar a sentar en un banquito de dudosa firmeza y pedir uno de los dos tlacoyos que ya hacían en el comal.
Mmmmmm! Cosita deliciosa rellena de requesón y abrazada por un maíz verde que además de bonito, me cae que ha de tener algún tipo de nutriente bien acá. Porque nada en esas tonalidades puede ser nada más eso, un maíz.
El caso es que a la doñita todavía le quedaban hartos nopalitos para ponerle arriba al tlacoyo, además de coronarlo con un poco de quesillo de ese que se espolvorea, y que de manera burda podríamos llamar: el mexican parmesano. Porque se lo sobreponemos a todo!
Tons, sentadita y distrayendo la mirada a cualquier tipo de aparición de los antes mencionados, que me dispongo a embutirme el tlacoyo cuando entra por mis oídos algo de igual nivel de sabrosura, podríamos decir.
La doñita le estaba contando a una comadre la razón por la que no tiene noches “sexys” con su marido.
No no no, buche atascado de sabiduría y de herejía para los guionistas de sex and the city o programas así. Mi reinita chula le comentaba a su escucha que, ella ya llevaba 18 años de casada y que para el frío que hacía allá por donde ella pasa a tener su casa, pues si no hizo “de esas cosas” antes” ahora mas peor, menos lo quiera el señor.

Además su casa no da para andar poniendo velitas, -no sea que se me queme hasta la milpa- le decía a la otra, que interesada como en un capítulo de la novela, le seguía preguntando:
-Pero qué, apoco nunca se le antoja ponerse algo así más así y hacerle de “esas” cosas a su marido?-
Y la doñita le contestaba: - No pues es que mi marido y yo no hacemos de esas cosas nunca, mis dos mayores ya están hombrecitos y, pues en medio duerme mi bebé. Y se ve que a mi marido nunca le ha interesado hacerme de esas cosas…-
Uta! Ya estaba yo comiéndome casi de a granito por granito el queso de hasta arriba del tlacoyo, nada más para no terminármelo y poder seguir escuchando semejante lección del anti erotismo nacional.
Pero maldita la hora en que ya ni para lamer el plato y pagar. Así que me quedé con la información a medias, sabiendo que la doñita ni se compra lencería de encaje (también porque cree que si ha de picar mucho el dese material), ni duerme solo con su pareja, y lo más intrigante de toooooda la morbosa conversación: Ya tampoco sé si la “escucha” era una diosa de la metralla o qué chingados.
Pero yo tenía muy en claro que estaba comiendo en zona de guerra, y que por muy bueno que estuviera el chisme, lo mío lo mío, era salir por patas y pecho tierra, lo antes posible de ahí. No fuera que ahora a la que le tocara recibir la “instrucción” fuera a mí, que nada mas no ando como para esas cosas y peor tantito, para toparme al enemigo.
Porque digo, los encuentros con el fortuito potencial, nada más se quedan en incómodos flirteos que no aterrizan en nada, pero tener que esquivar las miradas de rango “balazo mortal” del enemigo, eso si que me da mucha mucha güeva.
Así que pronto me armaré nuevamente de valor, y apretando el paso volveré a hacer parada técnica en mi puesto favorito del “Tlacoyo del amor”.
En de mientras, me pasaré a seguir riendo repentinamente, al imaginar a la quesadillera en neglillé de color chillante, amasando el nixtamal, meciendo la cuna de su bebé que seguro ya de menos tiene 6 añitos, y platicando con su marido de las prioridades de los muchachos.
Y no, no lo mal entiendan, la quesadillera en neglillé no es un fetiche mío, es sólo una bizarra imagen coqueta, de esas que a todos nos gusta observar, siempre y cuando no haya que participar de esta.
P.D. Y qué pensará su marido? jejeje

3 comentarios:

  1. Soy fan del "mexican parmesano" y a partir de hoy no podré evitar imaginarme a todas las tlacolleras amasando en neglillé, agradezco gandemente esta nueva afición que tendré....

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  2. soy la anonima de tu post anterior...
    que pensara su marido???
    te dire lo que tipica vieja ardida contra los hombres....
    pues seguro tiene alguien mas que le amase sus tlacoyos...
    o te contestare lo que mimadre.... tienen una relacion tan enfocada en sacar adelante a la familia que los dos controlan las bajas pasiones y viven enfocados a engrandecer su amor con el señor jajajaj
    Ahi tu decide cual te late mas..jajaja
    Y seguro el wey ni ha de ser tan potente.... y la interesada comadre es la segunda amasadora de tlacoyos al bat que queria averiguar la falta de interes "sepsual" del imperfecto hombre.

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  3. Chale, ahora tendré la imagen de la quesadillera vestida con ropa sexy de esas que venden afuera del metro con encaje negro y nailon rojo, o disfrazada de cuero, o como la escena de esta películamexicanadeartequeahoranomerecuerdoelnombreperoqueodié donde un vendedor de relojes en del metro tiene ondas con su esposa, o… necesito ver algo lindo en Internet.

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