22.5.10

Comparto por gorda, no por buena onda

Chingarme una caja de chocolates yo sola?


Como si no pudiera!!!


El problema es que no me estoy matando con las desmadrugas a las 6am, para ir a sudar como cerdo caramelizado en horno, mientras un sustituto de Hitler, enfundada en pants pegaditos y top de modelo extranjera, me grita en un conteo infinito de abdominales y repeticiones de estiramientos, que meta mas el abdomen y que apriete las nalgas.


La verdad es que nunca he estado %100 segura que el chocolate ayude a contrarrestar la falta de sexo. Porque admito que incluso en “otros tiempos” (si, tiempos de esos en los que te tienes que acordar de cómo se llama el “ese” que usa la otra almohada, o con quien en algún momento de la madrugada te peleas por unos centímetros… de cobija), incluso luego de descubrir la “memoria corporal” me podía chingar cuanta tableta de chocolate se me atravesara en el camino.


Hacer una tortuosa ceremonia de ejercicio 4 días a la semana, sólo me ayuda a incrementar mi culpa al comer chocolate. Pero no por eso, dejo de comérmelo. No, no, no.


Al igual que esa gente que tiene problemas por no poder dejar de comprar, o el que no sabe detenerse al empezar a beber hasta terminar en 4. Yo no conozco el sentimiento de “estar empalagada”. Qué es eso? Cómo se siente? Cuando sabes que padeces de eso? Jajaja


Esta mañana, con el afán, una vez más, de conocer el empalagamiento, me salí un momento de la oficina y como hipnotizada, me dirigí contra toda voluntad, a la fábrica de chocolates, vecina a mi recinto laboral.


Mierda!


Cuando el encanto hipnótico se esfumó, tenía yo ya en mis manos, una bolsa blanca dentro de la cual yacía una caja entera de mazapanes con chocolate.


Dioooooos, si existes llévate esto de aquí!


Y no sé cómo explicar lo que a continuación les voy a contar, perooo…


No, sigo sin ser creyente más que de los Pumas (aunque no den señal de triunfo desde … no recordaremos ese tema), del poder de un manto enmarcado un día al año, y de la casualidad.


El caso es que estaba ya yo sentada en mi lugar oficinil, templo del “hacer de mis nalgas, lo más plano que nunca jamás se haya visto”, con la caja de mazapanes desde un cajón gritándome que los sacara… cuando desde mi temeroso y gordo ser, una idea con forma de iluminación divina se apareció: Hoy es el día de alegrar al mundo repartiendo estos redonditos manjares y quedarme sólo con un pequeño número de ellos, que provoque que, aunque me de un ataque de ganas de chingármelos todos de una sentada, sean tan pocos que, no pase de una simple dearrea post atasque.


Y fue así, como esta mañana de trabajo interruptus porque me toca irme a medio día a las jornadas de comunicación intersecretariales o yo que sé, se convirtió en un dulce pretexto para repartir alegrías y, por qué no admitirlo: dejarle un dulcesito a mi caballero águila favorito, que aunque tímido en su escritorio comunal de pisos abajo, me saluda poniéndose de pie, cada que me da por pasearme por sus rumbos.


Tu ru rú


1 comentario:

  1. Un juguetitooooo, ya te dije que un juguetito es mejor que cualquier chocolate!!! ash... te voy a llevar a la de a huevo por uno. Después me lo agradeces.

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